viernes, 18 de junio de 2010

EL BARRIO JUDIO 'LAS HERAS', CONCORDIA, ENTRE RIOS‏


por Luisa Hazan (Buly)

Como la mayoría de las ciudades de la diáspora, Concordia tenía su barrio Judío, con sus características peculiares.

Me crié en el barrio Las Heras en Concordia, Entre Ríos, donde los judíos éramos un número importante entre los años 50 a70.

En la calle Las Heras vivían varias familias judías ashkenasim: Gumpel, Hendlin, Grimberg, Kovalsky, Bilkis, Kahane, Ulfohn, Kupervaser, y también sefaradim: Hazan, León, Beressi, Hakim, Nahmías, Kohan y otros.

Era un barrio muy comercial, activo, con muchas tiendas de ropas, colchonería, farmacia, fabrica de muebles, además de la ferretería y bazar “El gaucho” y hasta funcionó durante unos años la Cooperativa de Créditos, en la esquina de Brown y Las Heras, con mucha actividad con el comercio del barrio.

También estaba el Tostadero y Molino de Café “Bermejo”, que en las mañanas soleadas de invierno exhalaba aroma a café delicioso, y la fábrica de Aceite de don Jesús Royo, español.
La verdulera, doña Ana Sklark (ashkenasi), venía en un sulki de un solo caballo hasta la puerta de las casas, traía todo tipo de vegetales, conversaba con las clientas y mantenía sus cuatro hijas, de ese modo.

Cisco, el panadero italiano también venía a la puerta, así como el lechero, cuyo nombre se me pierde y en verano, el vendedor de barras de hielo.

Convivíamos con familias de origen árabe con las que había mucha amistad y respeto: Kueyder, Alí, Alalí, Heloeni, Gosn.

Todos los vecinos tenían chicos con edades similares y en esas épocas en que ni se imaginaba la televisión, la diversión en las noches cálidas del verano era jugar en la vereda con los vecinos: rondas, mancha, estatuita, policías y ladrones; ni se nos ocurría pensar en los diferentes orígenes. Todos éramos amigos y compartíamos los juegos.

Los tíos y primos vivían cerca y todo parecía una gran familia, que compartíamos diariamente.

La propaganda la hacía “Propalación Cóndor” de los hermanos Cabrera, que recorría el barrio en una furgoneta de los años ´30 con un altavoz, difundiendo las promociones del comercio.

Otra manera de promoción eran los boletines con ofertas y se contrataban chicos para entregarlos en cada casa del barrio.

También este barrio contó con una Comisión vecinal “La República Las Heras”, que se destacó por instalar un alumbrado acorde a los nuevos tiempos cuando todavía lo único que había era un farol cada media cuadra de la calle empedrada.

En Navidad, la Agencia de Lotería Ojeda paseaba un figurón que a los chicos nos parecía gigante, un gordo pelado, muy alto, panzón con pantalón y zapatos blancos, saco negro y un habano en la boca, que bailaba delante del vehículo. Todo el barrio salía a verlo y era una fiesta.

Para las altas fiestas judías, la mayoría cerraba los negocios y los que no lo hacían no podrían pasar a leer la Torah. Para Yom Kipur volvíamos en grupo del Templo, caminando las quince cuadras y contando cuentos para que los más chicos resistieran la larga caminata y el hambre. Por supuesto, que habíamos comido los boyos y la tortilla que mamá había llevado a la sinagoga y que nos apuraban con el pensamiento a “cortar el Tanit”

En días comunes, si alguien necesitaba un minyam para decir un Kádish por un familiar, podía reunirlo con gente del barrio.

Recuerdo que don Kahane, le pedía a mi padre que no deje de invitarlo, para cumplir con esta mitsvah.

Como la calle Las Heras era la vía de entrada a Concordia, sus clientes eran en gran mayoría campesinos de pueblos vecinos, pero al cambiar el sentido del tráfico, años mas tarde, pasó a ser la salida, con lo que poco a poco fue disminuyendo su actividad comercial, además del cambio de sus habitantes que al crecer los chicos, en gran parte se trasladaron a ciudades más grandescon mas oferta educativa.
Estos son los hermosos recuerdos de nuestra niñez, donde la palabra “vecino” cumplía con su verdadero significado, todos nos ayudábamos, apoyábamos y formábamos una gran familia.
Fuente: e-Sefarad

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